El blog de la Energáa

Cómo un coche puede hacerte feliz

Aunque la caída de los precios del petróleo puede crear dudas sobre su viabilidad y rentabilidad futura, los coches eléctricos han venido para quedarse: son la única solución para compatibilizar el transporte personal individual y la mejora de la calidad del aire de las grandes ciudades.

Tu coche eléctrico te hará sentirte limpio y responsable, porque te podrás desplazar sin contaminar el aire que respiran tus familiares, amigos y vecinos. Si aprovechas para cargarlo al acostarte, tus emisiones serán en la mayoría de las veces completamente limpias, incluso en el lugar de origen de la electricidad que vas a consumir. Aprovecharás los excedentes de energías renovables (eólica, hidráulica…) e incluso nuclear, que de momento se desperdician muchas noches por falta de demanda al no poderse almacenar.

El coste de una recarga en el enchufe doméstico para recorrer 100 kilómetros apenas pasa de dos euros, frente a los cinco o seis euros de los mejores híbridos y turbodiésel (considerando ya los precios actuales del gasóleo). Y puede ser incluso muy inferior, si contratas alguna tarifa eléctrica especial para horas supervalle. Podrás dejar tu coche eléctrico en las plazas de aparcamiento regulado sin perder tiempo en la cola del poste para sacar el recibo o con la aplicación del móvil. Un adhesivo azul de la DGT con un ‘0 emisiones’ bien destacado en color negro que se pega por dentro del parabrisas, indicará a los agentes que estás exento de pagar por aparcar.

Al contrario que los coches convencionales, los eléctricos apenas tienen mantenimiento: no llevan aceite, filtros ni correas. Así, en lugar de ir al taller cada 15.000 kilómetros a sustituir o revisar estos elementos, solo tienen que acudir cada 50.000. Además, como la mayoría de las veces frenan con el motor eléctrico o el alternador para recargar las baterías, tampoco gastan apenas las pastillas de freno. Y al circular casi siempre en ciudad y a baja velocidad, duran mucho más los neumáticos. Según aseguran los taxistas que los utilizan, el mantenimiento anual apenas llega a 100 euros, más el cambio de neumáticos cada 100 o 120.000 kilómetros. ¡Y eso haciendo más de 50.000 kilómetros al año! algo impensable para un particular.

Los coches de baterías no pagan Impuesto de Matriculación cuando se adquieren y están también exentos del de Circulación, el numerito que cobra cada año el Ayuntamiento. En muchas ciudades los eléctricos pueden recargar sin coste en los postes del Ayuntamiento, lo que puede reducir al mínimo el gasto en energía que necesitas cada día para desplazarte.

Los automóviles a pilas ayudan a no seguir acumulando contaminación en las ciudades.

Los coches eléctricos pueden utilizar los carriles de alta ocupación (VAO) situados en las autopistas de acceso a algunas grandes urbes sin necesidad de llevar acompañantes en el coche. Además, en ciudades como Barcelona, están también exentos de pagar peajes en las autopistas de los alrededores, lo que te hará ahorrar tiempo y dinero.

Conducirás con menos tensiones, porque los coches eléctricos circulan en silencio sin ruidos de motor ni apenas de rodadura. Tampoco tienen vibraciones y podrás oír tu música preferida sin interferencias. Además, se manejan con el mínimo esfuerzo, porque llevan cambio automático. Y son más entretenidos: invitan a conducir sin prisas para aprovechar al máximo las baterías y acabarán convirtiéndote en un especialista de la conducción ecológica.

Pero los coches eléctricos no son para todo el mundo. La primera condición para disfrutarlos es tener un sitio en casa para poder cargarlos. Además, todavía siguen siendo caros, se rentabilizan con el ahorro de combustible y exigen altos kilometrajes, la mayoría en ciudad, para amortizarlos. Y como tienen una autonomía limitada, hasta 250 kilómetros oficiales y unos 150 a 170 en condiciones reales, no pueden cumplir como coche único de la familia: no sirven para viajar. Por último tampoco son la solución idónea para personas irritables o con los nervios a flor de piel: el temor a quedarse tirado sin batería puede producir episodios de ansiedad o angustia.

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